Arranca con miniaturas a mano para explorar proporciones y jerarquías visuales. Pasa a CAD con plantillas paramétricas que permitan ajustar espesor, filetes y tolerancias en minutos. Exporta versiones para impresión y simulación, manteniendo nomenclaturas consistentes que agilicen conversaciones y revisiones cruzadas.
Prototipa tapas y mecanismos con FDM o SLA, corta cuerpos y etiquetas en cartón y vinilo, y valida visibilidad en estante con AR sobre fotos realistas. Esa triada permite medir apertura, lectura y presencia, acercando laboratorio y supermercado en el mismo día.
Nombrar archivos no es burocracia: es memoria de decisiones. Usa convenciones con fecha, hipótesis, métrica objetivo y cambio aplicado. Vincula cada versión a resultados de pruebas en una tabla viva. Así evitas círculos viciosos y aceleras incorporaciones de nuevos miembros.
Evalúa si el material y los aditivos permiten clasificación óptica y revalorización local. Prototipa sin tintas metálicas cuando sea posible, prueba etiquetas desprendibles y reduce mezclas incompatibles. Comunica en el pack cómo disponerlo. La circularidad comienza con decisiones de diseño, no con campañas posteriores.
Trabaja con laboratorios desde prototipo avanzado para verificar migración, conformidad con normativas y estabilidad térmica. Documenta lotes, proveedores y procesos. Tener resultados preliminares acelera aprobaciones internas y evita sorpresas regulatorias, especialmente en categorías sensibles como infantil, suplementos o bebidas ácidas con materiales reactivos.
Más allá de estilo, las etiquetas deben evitar confusiones sobre alérgenos, instrucciones de almacenaje y reciclaje. Prototipa con textos reales, testea comprensión con usuarios, y usa iconografía consistente. Menos dudas significan menos incidencias, mayor confianza y una experiencia completa que respalda la promesa de la marca.